ALMIRANTE BROWN. La interna sindical que desvela al villaverdismo

Posted on 15 enero, 2007

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ALMIRANTE BROWN, Enero 16, (PUNTO CERO-Inforegión) El reclamo de los Municipales por incorporar al salario básico la suma fija no remunerativa lograda a fin del año pasado es otra de las fisuras por donde asoma la crisis del justicialismo, combinada con la propia interna sindical. La plataforma que alguna vez soñó Villaverde para desplazar al radicalismo de la conducción del gremio aparece como principal aliada de la actual conducción. El detalle: José Fernández, viejo aliado del caudillo, podría ser sucedido por Daniel Bolettieri, a quien intentó cancelar su licencia gremial en su primer mandato como Intendente.

Pocos creen que a Jorge Villaverde le pase por alto que la agrupación que imaginó para quebrar la hegemonía de la dirigencia radical al frente del Sindicato de Trabajadores Municipales sea ahora parte de la base de sustentación con que Daniel Bolettieri, secretario de Organización, vaya a disputar elecciones internas y convertirse en secretario general de esa entidad.

Son los mismos que estiman que el caudillo no permanecerá ajeno a una disputa a la que ya renunció expresamente el actual secretario general, el correligionario José Manuel “Gallego” Fernández que, al cabo de dos décadas, y fuera de diferencias que lograron siempre diluir mano a mano, resultó ser uno de los más sólidos aliados que cosechó en este tiempo.

Por eso no descartan que el veterano dirigente pueda rever su decisión con el presunto paquete de medidas que el oficialismo prepararía en secreto para revitalizar la gestión municipal que, con más resignación que deseo, terminó por convertirse en su refugio frente al fracaso que vienen sufriendo hasta aquí las sucesivas intentonas de asirse al kirchnerismo por mérito propio.

El adelantamiento de las elecciones en el Sindicato, que serían presumiblemente en el mes de julio y no en diciembre como está originalmente previsto, es otro de los factores que se sopesa desde el oficialismo y que incide en la conformación de la mesa de negociación salarial, congelada por ahora bajo la excusa formal de aguardar definiciones del gobierno nacional para definir una política salarial propia.

El reclamo de incorporar al sueldo básico la suma de 160 pesos obtenida como retribución no remunerativa por los estatales, encubre tanto esa disputa como los esfuerzos de los negociadores designados por el oficialismo – el titular de la secretaría Privada, Julio Cardozo, y el secretario de Gobierno, Alberto Auruccio – por pulsar la cuerda con los Municipales pero sin llevarla a un punto de tensión donde el riesgo de estrangulamiento sea palpable.

La semana que pasó Info Región dio cuenta de la vocación del gremio por encarrilar la discusión con estos dos funcionarios y no con el intendente Manuel Rodríguez, desplazado por el propio Villaverde luego del desgaste que padeció cuando debió tratar con los Municipales el 9 por ciento de aumento que concedió en septiembre la Municipalidad.

Las quejas que despertó en el Sindicato el trato áspero que les dispensó el jefe comunal no fue la razón central del descontento. En verdad, saben desde allí que el alejamiento o aproximación de Rodríguez a las negociaciones expresa simbólicamente la voluntad real de Villaverde por convertirlas en un trámite moroso o en una decisión veloz y certera.

Por eso abrigaron temores cuando, obligados a respetar los canales institucionales, conversaron informalmente con Rodríguez a mediados de diciembre la posibilidad de incorporar la suma fija al salario de convenio. Una medida que el jefe comunal se expresó dispuesto a evaluar. Contra lo que podría preverse, no tomaron la respuesta como el mejor de los síntomas y aseguran que su presagio cobró forma la semana que pasó, cuando luego de varios tironeos, no lograron verse con el Intendente y reaparecieron Cardozo y Auruccio en escena. Casi una declaración del inicio de una Guerra Fría de baja intensidad.

La predisposición de Manolo se explica por su tensión con Villaverde y en su tozudez inclaudicable para no dejar que se extinga su módica porción de poder en el gobierno municipal, sobre el que cabalga su esperanza de un futuro político. “Es un gallego caminador. Ojo que no está muerto”, deslizan quienes ven en la crisis de su relación con el caudillo la oportunidad de un quiebre en ese sistema político.

Ese esfuerzo no es ajeno a los sinsabores. Los sindicalistas admiten la fuerte reprimenda que Rodríguez recibió de sus pares del CONCOSUR, el ambicioso consorcio regional que comanda el intendente de Varela y operador del kirchnerismo, Julio Pereyra, junto a los caciques municipales de Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, Berazategui y Quilmes. Allí no cayó bien el incremento salarial otorgado en diciembre, porque dispara esa discusión no solo en los distritos limítrofes con Brown sino también en los circundantes.

La excusa de ese tropezón habría servido a Villaverde para acotar su margen de lograr acuerdos con los sindicalistas que están cruzados, a la vez, por sus propias desavenencias. Para alguno de ellos, no es seguro que Fernández se retire del gremio sin más. Otros, en cambio, aseguran que asumió un compromiso público durante el mes de diciembre en el campo recreativo que la entidad que conduce tiene en la localidad de Ministro Rivadavia.

Si esa palabra no sufre modificaciones con el correr de los meses, su secretario de Organización, el también afiliado radical Daniel Bolettieri encabezaría una coalición entre la histórica Verde, que domina el gremio desde hace dos décadas, y la lista Amarilla, el engendro pergeñado por Villaverde a caballo del crecimiento vegetativo del empleo municipal que manejó con goteo discrecional desde 1987.

Algunos de los más notables de ese sector, como Julio “Cacho” Sandoval, Mauro Armengol y Patricio “Pato” Cabello, fueron invitados a presenciar el renunciamiento de Fernández en Rivadavia, en simultáneo con el bautismo de su alianza con el oficialismo sindical.

Bolettieri no cosecha simpatía alguna de Villaverde, que incluso intentó cancelar su licencia gremial, en un momento de efervescencia política como el que precedió a la hiperinflación y a una puja redistributiva entre empleadores y asalariados.

Algunos de sus allegados recelan de la celeridad con que el “Gallego” Fernández resolvió la semana pasada iniciar un expediente para formalizar en la Mesa General de Entradas del Municipio la exigencia de incorporar los 160 pesos al salario. De confirmarse una medida así, el sueldo mínimo se estiraría a 1.002 pesos como él mismo señaló a Info Región.

Esa es la zanahoria que Villaverde parece haber plantado en el frente sindical para alentar, según interpretan, a Fernández a que repiense su retiro y que coincidiría con el desaliento que le habría ocasionado al “Gallego” su ubicación en la nueva conducción de la Federación de Municipales que comanda Alfredo Atanasoff.

La secretaría de Vivienda que le fue asignada tras el reciente congreso de ese sector, no reflejaría sus expectativas luego de haber sido delegado en el “manejo de la lapicera” que más de una vez le confiase el propio ex jefe de Gabinete de Eduardo Duhalde.

El gobierno de transición del caudillo de Lomas es, en ese aspecto, mencionado como el hecho maldito que signó la suerte de Fernández pese a mantenerse fiel a Atanasoff cuando en el 2003, su adjunto y secretario general de los Municipales de La Matanza, Juan Carlos Slugga y el de Avellaneda, Rubén “Cholo” García, dispusieron conformar una Federación paralela.

La crisis quedó superada a la usanza del sindicalismo criollo. Bastó que Atanasoff lograse reunir el número suficiente de congresales para convocarlos y redefinir la conducción, de la que quitó a Slugga y García. Fernández todavía no se explica por qué perdió la confianza de su jefe.
Tal vez por eso y desde fin de año acercó una maniobra preventiva de acercamiento a Darío Giustozzi, ávido en su lucha por captar masa critica de adherentes que colaboren en pavimentar su ambición de convertirse en el próximo Intendente Municipal. La pata del radicalismo K en las cercanías del legislador se sostiene en Bolettieri, estrecho contacto con el intendente de San Isidro, Gustavo Posse.

Los que conocen el entresijo del gremio estiman que la puja salarial durante este año decantará la conducta de viejos aliados y potenciales adversarios del oficialismo, donde todavía se confía en el poder de persuasión del 28 por ciento que el Presupuesto tiene asignado a los aumentos salariales. Una cifra que será relativizada si la suma fija se incorpora al sueldo, lo que constituiría ya un incremento de 20 puntos. Si se confirma que el gobierno nacional maneja una pauta anual del 12 por ciento, pocos serán los motivos que respalden cualquier disputa.

Daniel Bilotta (PUNTO CERO-Inforegión).

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