Camilo García: un pasado con historia. Por Silvana Varela.

Posted on 31 octubre, 2011

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El panelista del programa de Viviana Canosa es hijo de Rocío Martínez Borbolla, una docente desaparecida durante la dictadura militar. El SUTEBA reconoció su labor, precisamente la misma semana que se ventiló la relación entre Graciela Alfano y Emilio Massera. La historia de un periodista que vive entre el espectáculo y la memoria.

Rocío Angela Martínez Borbolla era una maestra asturiana, profesora de sociología en Filosofía y Letras, delegada de CTERA, y fue secuestrada y desaparecida el 13 de junio de 1976.

Es la madre de Camilo García, el periodista que actualmente forma parte del panel del programa que conduce Viviana Canosa.

Durante una entrevista concedida a un diario nacional, su hermana Bárbara recuerda el día en que vio por última vez a su madre.

“Entraron en mi casa acá en Haedo y yo, que tenía 8 años, intenté escaparme con mi hermano menor (Camilo). Pero la ventana no se abrió; eso, tal vez, nos salvó la vida. Se llevaron a mamá, saquearon, y a nosotros nos dejaron con unos vecinos que, a la vez, tomaron contacto con mi papá y mis abuelos”.

Ese fue el último día, la última imagen, la última noticia.

Nunca más supieron de ella. Ni siquiera en qué lugares estuvo. La buscaron, preguntaron, investigaron, pero no hubo respuestas.

Bárbara era consciente de la actividad política de su madre; Camilo sólo sabía que acompañaba a su mamá a enseñar en las villas, o a preparar comida en algún lugar donde había gente que la necesitaba.

Sabían del compromiso social de Rocío, pero en la infancia, nadie cree que ser buena puede llevar a desaparecer a una persona.

Quizá Rocío heredó su compromiso en los genes paternos. Era hija de un hombre que había logrado escapar de España tras ser detenido como preso político del franquismo.

Lo que más lamentan sus hijos es no tener dónde llorarla, no saber dónde está, no conocer qué fue de su vida desde el minuto en que la arrancaron de su casa.

Con una historia y un pasado a cuestas, Bárbara y Camilo supieron conducir sus vidas. Bárbara se dedicó a la producción (incluso en cine) y Camilo explota su veta farandulesca, rozando lo frívolo a diario, sin que eso signifique olvido.

En los últimos días, Graciela Alfano quedó en el ojo de la tormenta cuando se ventiló su pasado de alcoba que incluiría a Emilio Massera, y Camilo tuvo un cruce en vivo y en directo con Gerardo Sofovich por el silencio de éste durante los años de la dictadura.

 

En Ituzaingó, el pasado y el presente se entremezclan.

En las manos de Camilo está el cuadro que le acaban de entregar otros docentes bonaerenses. Acaba de bajar del escenario en que se recordó la memoria de su madre, y por un rato, el periodista de espectáculos deja asomar al hijo.

-¿Cómo vivís este momento?

-Y, con emociones muy privadas porque por supuesto que estoy muy contento de que SUTEBA (Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires) le haga un homenaje a mi mamá, me haga partícipe de un reconocimiento a su trayectoria de militante y es un momento de expansión, de compartir con los compañeros de ella; ya solamente, recién les decía, tomar contacto con quienes fueron las compañeros de mi vieja, para mí es muy movilizador porque ellas me dan testimonios, me conocían de cuando yo era chico y la verdad que es gratificante.

-A veces se asocia la farándula a lo frívolo, y esta semana hubo declaraciones muy particulares de Graciela Alfano, con respecto a su vínculo sentimental con Massera y algún comentario despectivo respecto a los desaparecidos. Estando en los dos lugares, ¿Cómo te impacta?

-Mirá, creo que Graciela Alfano y su relación con Massera, no sé qué le habrá dejado, qué sensación tendrá ella. Me parece que no hay nada que yo pueda sumarle a eso, me parece que una persona que compartió con un genocida así, termina en una arena movediza que se llevó a Massera. Ni le voy a tender una mano, por decir que es alguien del espectáculo y por ahí se le puede tener algún cariño, ni tampoco le voy a dar un empujón, a donde quiera que se esté desmoronando.

-¿Te preocupa, o ves con cierta crítica, que este tipo de comentario se pueda hacer en programas tan masivos?

-No, para nada. Me parece que, si de repente, (Jorge) Rial tomó la posta de desenmascarar ese mito, bueno, bienvenida sea la luz sobre los hechos. Pero no sé, no creo tampoco que Graciela Alfano sea culpable de lo que en ese momento del país sucedía. De repente, fue una persona que compartió cierta complicidad con un asesino; bueno, qué sé yo, eso no la vuelve asesina. En todo caso, se puede cuestionar qué tipo de persona sea, o qué persona haya sido. Después la gente puede quererla más o menos pero tampoco creo que haya que crucificarla. Pero está bien que se sepan las cosas; la verdad, no es un tema que me haya preocupado demasiado. Lo vi de rebote, siempre se supo eso. Está bien que en este tiempo en que todo sale a la luz, alguien lo haya sacado a la luz, en este caso Jorge Rial. Lo felicito. Cuando pasan los años, uno va dejando atrás las diferencias, y no es mi tema, la verdad.

-¿Se pueden compatibilizar espectáculo farandulesco con memoria?

-Sí, la gente sabe quién soy yo, de dónde vengo, la historia que tengo. La mayoría ya la sabe. Y después lo otro es parte del entretenimiento, saben que, en lo que a mí respecta, siempre voy a tratar siempre de dar un parecer intelectualmente lo más honesto posible. Por eso, no me caso con nadie; conozco una parte de la historia, y lo demás es entretener, la televisión entretiene. Si yo puedo hace entretener con mis intervenciones y puedo trabajar de eso, a mí me hace feliz también; el reconocimiento de la gente, o hacer feliz a la gente un rato, o decirle las cosas como son a la gente un rato, le dan un poco de sentido también a mi vida, así que soy feliz haciendo lo que hago.

-¿Cuántos años tenías cuando desapareció tu mamá?

-Y, no había cumplido cinco años.

-¿Cuáles son tus recuerdos?

-Mis recuerdos con mi mamá es ir con ella al colegio; ella daba clases, me llevaba con ella. Muy pinceladas. Volver a mi casa, yo entraba por la ventana, y abría una puerta para que entremos, a veces. Me llevaba a Casa Tía, que estaba en Haedo; íbamos en bicicleta. Me acuerdo que una vez dejó la bicicleta afuera, y se la robaron; nos volvimos caminando. Y estaba siempre con mi vieja; tomaba el colectivo, me compraba galletitas Kesitas, en una parada del colectivo. Tengo momentos lindos que recuerdo.

-¿Cómo la recordás a ella en cuanto a su carácter, su compromiso? ¿Tenías conciencia de eso, o empezaste a atar cabos después?

-No, yo sabía que mi mamá era maestra, y que iba de un lado para otro. Y es más, me acuerdo haber ido a una villa con ella, y ver cómo preparaba comida para la gente, y yo por ahí no quería ir, pero iba con ella ahí; me llevaba y observaba. Siempre tengo y voy a tener presente siempre de dónde vengo. Entonces, nunca me podría poner en contra del pueblo. Suena demagógico, pero es así. (Pionero Diario).

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